miércoles, 5 de febrero de 2014

La irrealidad de la vuelta

Miércoles, 05/02/2014

El impacto de volver a España después de tanto contraste cultural, es siempre extraño.

En el caso de mi anterior aterrizaje en España, el ritmo adquirido durante el viaje y el pequeño trastorno al que mi vi sometida hicieron que durante 5 meses apenas permaneciese en un mismo lugar más de una semana. Puede decirse que pasé por un momento de locura transitoria donde quería estar con mis batalapeños y por lo que apenas pasé unos pocos días en Madrid para estar con los “míos”. El objetivo era continuar con esa sensación de felicidad extasiada de India.

En esta ocasión, la vuelta fue completamente diferente. Apenas me quedaban ganas, ni fuerzas, para poder someter a mi mente y cuerpo a más cambios. La necesidad de descansar y sentirme como en casa, de no moverme, de no recibir estímulos, hicieron que aquel apartamento que mi padre habilitó como “refugio” del mundo, sirviese a tal fin. Tan a gusto.

Los reencuentros fueron vividos. Me sorprendió gratamente ver que había gente con la que parecía tener más en común en ese punto de la vida y ver que gente con la que llevaba años sin tratarme estaban allí para recibirme. Se emanaba energía limpia y sincera. Claramente, también encontramos la contrapartida de que al haberte ido bastante tiempo lejos, la gente tenga una rutina en la que no se te englobe y a veces tratar de verse parece forzado.

La idea romántica de Madrid como hogar, se vio de nuevo quebrada a las pocas semanas de aterrizar. Uno tiende a idealizar cualquier cosa de la que está separado durante largo tiempo. Buscar trabajo, pensar en asentarme en Madrid como lugar para vivir, no era la opción más atrayente. Al caer en la cuenta que Madrid era la única opción de trabajo, me sentí enjaulada.

La vida provee, somos imanes que hacen que los sueños realidad, o quizás que las pesadillas no lo sean. Sin mucha complicación, aunque con un poco de angustia por la responsabilidad de encontrar trabajo, la vida me llevó al extranjero, París. Pareció perfectamente encajar en el plan de vida actual. Iría adaptándome a occidente poco a poco, sin agobios de planes a largo plazo, el trabajo en París era temporal.


SUNKINDARKNESS